La memoria operativa es un almacén temporal y de capacidad limitada que usamos para la toma de decisiones, interactuar con el entorno y razonar, normalmente de forma consciente. Esa memoria se suele dividir en dos sub-almacenes, en función del tipo de información que retienen: visual o verbal (fonológica).

Ambos almacenes están conectados, permitiéndonos no sólo verbalizar imágenes automáticamente, sino también visualizar o pensar visualmente.

No estoy seguro de si es posible aprender a pensar visualmente, o de si se trata de una habilidad que únicamente puede ser entrenada.

De cualquier modo, comunicar visualmente es una de las habilidades básicas que todo profesional debería demostrar, no sólo los diseñadores gráficos. Por ejemplo, los arquitectos de información, aún sin tener competencias en el aspecto visual de los productos que ayudan a crear, necesitan comunicar de esta forma a otros miembros del equipo o al cliente final la estructura subyacente del producto.

El modo más efectivo para que nuestro modelo mental acerca del producto sea comprendido en profundidad por otros, es por medio de su representación en forma de modelos visuales. Pero los modelos visuales no son sólo útiles para comunicar, sino más importante, para compartir visualmente y pensar cooperativamente. Esto no sólo requiere la capacidad de representar gráficamente, sino también la de abstraer mentalmente modelos visuales.

En mi opinión la carencia profesional más extendida no es el binomio “informática-inglés”, sino el infravalorado pensamiento visual.

Una vez más, sólo pensaba en voz alta.